miércoles, 6 de junio de 2012

Poesía


DE LA BREVEDAD ENGAÑOSA DE LA VIDA

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta

que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti los las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.
Luis de Gongora

COMENTARIO:
Un cometa era una señal de un mal presagio. A quien es tan necio que duda de la brevedad de la vida, cada Sol que sale y se vuelve a poner es como un cometa que se lo está advirtiendo. Las ruinas de Cartago, arrasada por Roma y reducida a la nada, atestiguan lo pasajera que es la pujanza y, en suma, la vida. Licio era el nombre con que Góngora se refería a menudo a sí mismo.

 A UN PINTOR FLAMENCO, MIENTRAS PINTABA SU RETRATO
Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe
a tu pincel, dos veces peregrino,
de espíritu vivaz el breve lino
en las colores que sediento bebe, vanas cenizas temo al lino breve,
que émulo del barro lo imagino,
a quien, ya etéreo fuese, ya divino,
vida le fió muda esplendor leve. Belga gentil, prosigue al hurto noble;
que a su materia perdonará el fuego,
y el tiempo ignorará su contextura. Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,
árbol los cuenta sordo, tronco ciego;
quien más ve, quien más oye, menos dura.
Luis Gongora

COMENTARIO:
Los últimos versos aluden a una de las variantes del mito de Prometeo, que hizo al hombre de barro y le infundió vida con una chispa de fuego, tal vez del mismo fuego divino que luego otorgó al hombre, tal vez un resto del éter, del que la Tierra se había separado recientemente, como apunta Ovidio en las Metamorfosis. El segundo terceto alude a que su retrato durará más que él mismo: Quien está vivo de verdad, quien ve y oye, dura menos.
  
A UN PERRILLO QUE SE LE MURIÓ A UNA DAMA ESTANDO AUSENTE DE SU MARIDO

Yace aquí, Flor, un perrillo
que fue en un catarro grave
de ausencia, sin ser jarabe,
lamedor de culantrillo.
Saldrá un clavel a decillo
la primavera, que Amor,
natural legislador,
medicinal hace ley,
si en hierba hay lengua de buey,
que la haya de perro en flor.
 Luis Gongora

COMENTARIO:
El jarabe de culantrillo era un remedio contra los catarros.
Un lamedor era un jarabe que se tomaba poco a poco, para que se deslizara sobre la garganta.
Pero "culantrillo" tiene un doble sentido, debido a la forma de su flor, reflejada en su nombre latino: capillus Veneris (pelo de Venus)
Así, el perro, en una enfermedad de "ausencia" (del marido de Flor), sin ser jarabe, fue lamedor de culantrillo.
Saldrá un clavel a dar testimonio de ello en la primavera, pues el Amor puede hacer que, igual que hay una planta llamada lengua de buey, haya una flor medicinal llamada lengua de perro (o que, como remedio medicinal, haya una lengua de perro en Flor).

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